No son Hezbolá, ni Boko Haram, ni Al Qaeda, ni el Daesh pero su fuerza y su poder se ha demostrado igual o incluso mayor que la de cualquiera de los grupos terroristas citados; los más peligrosos y armados del planeta. No luchan por ideales ni por fanatismos religiosos ni sectarios. El único interés que les mueve es el negocio, su negocio; la droga y la distribución de ésta a escala industrial y multinacional, con el afán siempre de ganar el máximo dinero posible y que nada ni nadie se interponga en este objetivo. Cualquiera que ose hacerlo, sea político, empresario, periodista, militar, policía, sea quien sea, será eliminado sin contemplaciones. No exageramos: allá por donde pasa, el narcotráfico va dejando un reguero de crímenes atroces; asesinatos, secuestros, torturas, desapariciones y todos los horrores imaginables. Terror, puro terror.
En concreto estamos hablando de los temibles cárteles mexicanos: Sinaloa, Los Zetas, Cártel del Golfo, Caballeros Templarios, Jalisco Nueva Generación… Son solo los nombres de algunos de los más destacados.
No necesitan esconderse porque se saben prácticamente impunes. Ya lo demostraron en octubre del 2019 cuando el ejército mexicano hizo el espantoso ridículo internacional de liberar a Ovidio Guzmán (hijo del “Chapo Guzmán” y uno de los líderes del Cártel de Sinaloa) seguidamente después de capturarlo. La orden de soltarlo, según ha reconocido él mismo, la dio el presidente López Obrador, para evitar la carnicería que el cártel amenazó con llevar a cabo si no se liberaba al detenido y que, sin duda, tenía la capacidad de realizar. Ni siquiera el ejército puede ya doblegar a los cárteles, fue el mensaje que dejó al mundo la fallida operación.
El actual presidente, López Obrador, es un mandatario supuestamente de izquierdas, viejo zorro de la política, que para algunos se está mostrando excesivamente melifluo en su actitud hacia los narcos. Quizás tenga previsto algún tipo de negociación con ellos. No lo sabemos. El hecho es que la retórica presidencial es ahora más suave con los cárteles que en tiempos de sus antecesores en el cargo. Si bien es cierto que la contundencia en las palabras y la retórica dura no es garantía de éxito ni mucho menos, como ya se demostró durante el mandato de Felipe Calderón, cuya “guerra contra el narcotráfico” se saldó con más pena que gloria para el Estado.
El último desafío que ha puesto sobre la mesa el narco ocurrió el pasado viernes, cuando sicarios del Cártel de Jalisco Nueva Generación dispararon con un arsenal de armas largas y munición de alto calibre contra el jefe de la seguridad de Ciudad de México, tendiendo una espectacular emboscada a su comitiva, a la que cortaron el paso y seguidamente tirotearon a discreción durante varios minutos con el resultado de dos agentes de su escolta muertos y una civil, que casualmente pasaba por allí, fallecida, haciendo un total de tres personas asesinadas. Milagrosamente el objetivo del atentado, aunque también fue alcanzado por las balas, salvó la vida.
Una organización criminal como el CJNG puede hacerse con éstas armas por distintos medios. El hecho es que las tienen en abundante cantidad y el fusil estrella de su arsenal, el Barret calibre 50, es de fabricación estadounidense. Ésta precisa máquina de matar cuenta con mira telescópica pero se puede modificar para manejarse como un fusil de asalto y tiene una potencia de fuego descomunal; su munición es capaz de atravesar vehículos blindados, chalecos antibalas e incluso estructuras de edificios.
Teniendo en cuenta el fuego al que fue sometido el vehículo del Secretario de Seguridad es muy probable que Omar García Harfuch haya tenido la sangre fría suficiente para mantener la calma en tal situación y agazaparse en la parte baja del interior de su vehículo (el blindaje de las lunas siempre aguanta menos) hasta pasado el peligro. También es casi seguro que llevaba chaleco antibalas. Lo uno y lo otro le salvaron la vida. Con todo, fue alcanzado por algunos proyectiles, pero estos debieron traspasar el blindaje ya muy amortiguados y el chaleco debió frenarlos definitivamente.
Afortunadamente dieron en el blanco pero no consiguieron matarlo. Un fracaso en su objetivo principal que, sin embargo, no oculta el despliegue de medios y el armamento sofisticado y potente del que disponen.
Una acción que vuelve a demostrar, otra vez, que los cárteles siguen siendo la principal amenaza a la democracia y la estabilidad de los Estados Unidos de México y un permanente desafío para su seguridad y defensa.
En concreto estamos hablando de los temibles cárteles mexicanos: Sinaloa, Los Zetas, Cártel del Golfo, Caballeros Templarios, Jalisco Nueva Generación… Son solo los nombres de algunos de los más destacados.
No necesitan esconderse porque se saben prácticamente impunes. Ya lo demostraron en octubre del 2019 cuando el ejército mexicano hizo el espantoso ridículo internacional de liberar a Ovidio Guzmán (hijo del “Chapo Guzmán” y uno de los líderes del Cártel de Sinaloa) seguidamente después de capturarlo. La orden de soltarlo, según ha reconocido él mismo, la dio el presidente López Obrador, para evitar la carnicería que el cártel amenazó con llevar a cabo si no se liberaba al detenido y que, sin duda, tenía la capacidad de realizar. Ni siquiera el ejército puede ya doblegar a los cárteles, fue el mensaje que dejó al mundo la fallida operación.
El actual presidente, López Obrador, es un mandatario supuestamente de izquierdas, viejo zorro de la política, que para algunos se está mostrando excesivamente melifluo en su actitud hacia los narcos. Quizás tenga previsto algún tipo de negociación con ellos. No lo sabemos. El hecho es que la retórica presidencial es ahora más suave con los cárteles que en tiempos de sus antecesores en el cargo. Si bien es cierto que la contundencia en las palabras y la retórica dura no es garantía de éxito ni mucho menos, como ya se demostró durante el mandato de Felipe Calderón, cuya “guerra contra el narcotráfico” se saldó con más pena que gloria para el Estado.
El último desafío que ha puesto sobre la mesa el narco ocurrió el pasado viernes, cuando sicarios del Cártel de Jalisco Nueva Generación dispararon con un arsenal de armas largas y munición de alto calibre contra el jefe de la seguridad de Ciudad de México, tendiendo una espectacular emboscada a su comitiva, a la que cortaron el paso y seguidamente tirotearon a discreción durante varios minutos con el resultado de dos agentes de su escolta muertos y una civil, que casualmente pasaba por allí, fallecida, haciendo un total de tres personas asesinadas. Milagrosamente el objetivo del atentado, aunque también fue alcanzado por las balas, salvó la vida.
Una organización criminal como el CJNG puede hacerse con éstas armas por distintos medios. El hecho es que las tienen en abundante cantidad y el fusil estrella de su arsenal, el Barret calibre 50, es de fabricación estadounidense. Ésta precisa máquina de matar cuenta con mira telescópica pero se puede modificar para manejarse como un fusil de asalto y tiene una potencia de fuego descomunal; su munición es capaz de atravesar vehículos blindados, chalecos antibalas e incluso estructuras de edificios.
Teniendo en cuenta el fuego al que fue sometido el vehículo del Secretario de Seguridad es muy probable que Omar García Harfuch haya tenido la sangre fría suficiente para mantener la calma en tal situación y agazaparse en la parte baja del interior de su vehículo (el blindaje de las lunas siempre aguanta menos) hasta pasado el peligro. También es casi seguro que llevaba chaleco antibalas. Lo uno y lo otro le salvaron la vida. Con todo, fue alcanzado por algunos proyectiles, pero estos debieron traspasar el blindaje ya muy amortiguados y el chaleco debió frenarlos definitivamente.
Afortunadamente dieron en el blanco pero no consiguieron matarlo. Un fracaso en su objetivo principal que, sin embargo, no oculta el despliegue de medios y el armamento sofisticado y potente del que disponen.
Una acción que vuelve a demostrar, otra vez, que los cárteles siguen siendo la principal amenaza a la democracia y la estabilidad de los Estados Unidos de México y un permanente desafío para su seguridad y defensa.


