sábado, 24 de febrero de 2018

¿QUÉ SABEMOS DEL 23 F?

La respuesta sigue siendo, 37 años después, poco. Si bien es cierto que, de este tipo de acontecimientos, la información que trasciende a la opinión pública suele ser escasa. Aún así, sumando las pruebas, los indicios y las sospechas con fundamento, vamos a intentar recoger aquí un resumen de lo que conocemos del golpe cuyo aniversario fue ayer.
Los comandantes del golpe
Si bien, por supuesto, hubo otros muchos mandos militares implicados, los líderes de la conspiración fueron el General de división y, en aquel entonces, segundo jefe del Estado Mayor del ejército, Alfonso Armada y el Teniente General Jaime Milans del Bosch, que ocupaba el cargo de Capitán General de la III región militar (Valencia).
Se da la circunstancia, que ha dado lugar a no pocas polémicas y ríos de tinta, de que Armada era amigo íntimo del Rey, además de un estrecho colaborador del mismo. En esto se han intentado apoyar algunos políticos y periodistas para implicar al Rey Juan Carlos; algo que no sólo no se ha podido probar nunca sino que los propios hechos (llamadas del Rey y Sabino a los capitanes generales, discurso televisado del Monarca, órdenes concretas salidas de Zarzuela) desmienten. Lo que sí es cierto es que Armada, siempre sin autorización del Rey, utilizaba el nombre de éste para intentar que los principales mandos militares se sumaran al golpe o, al menos, no se opusieran frontalmente.
El papel de Armada fue fundamental, ya que su estrecha vinculación al Monarca era conocida por todas las élites del país; políticas, militares y económicas, lo que provocó no pocos engaños y confusiones, llegando Armada a conseguir hacer creer a miembros destacados de las fuerzas armadas y también a políticos importantes de distintos partidos, que el Rey apoyaba, o al menos no se oponía, a un “golpe de timón”.
Por ello, no es difícil deducir que Armada era, claramente, el cerebro y director de la estrategia política del golpe.
En cuanto a la estrategia militar, todo apunta a que era el Teniente General Milans del Bosch quien estaba al mando. Milans no dudó, en cuanto Tejero asaltó el Congreso, en tomar decisiones operativas concretas: dictó el Estado de excepción en su región militar y ordenó a una División de infantería mecanizada tomar Valencia, hecho que se hizo plenamente efectivo y visible con las imágenes de televisión y numerosas fotografías de carros de combate ocupando todas las principales calles de la capital del Turia.
La única oposición que encontró Milans en su región militar fue la del Jefe de la base aérea de Manises que, recibió a una columna de tanques que se presentó en la misma, con la amenaza de atacarles con dos cazas bombarderos, lo cual obligó a la retirada de dicha columna.
La importancia clave de la Primera Región Militar (Madrid)
No nos engañemos; la mayoría de los capitanes generales dudaban, en mayor o menor medida, si apoyar o no el golpe y para despejar las dudas tenían sus ojos puestos en lo que se hiciera desde dos lugares clave: la Zarzuela y la Capitanía General de Madrid. La segunda era la región militar de más peso por distintas y obvias razones y la primera era la residencia del Rey; jefe de Estado y mando supremo de las fuerzas armadas.
El Monarca contribuyó a parar el golpe (a pesar de la intoxicación sembrada por Armada) y el Capitán General de Madrid, Teniente General Quintana Lacaci, en ningún momento movió ficha a favor de la sublevación y se mantuvo siempre leal al Rey.
“Juego de tronos” en la División Acorazada
Aprovechando una ausencia del jefe de la Acorazada Brunete, General de División José Juste, el despacho de éste fue, literalmente ocupado, por varios oficiales sublevados, encabezados por su antecesor en el cargo; General Torres Rojas, el jefe de su Estado Mayor; Coronel San Martín y el Comandante Pardo Zancada.
Cuando Juste regresa a su cuartel, sobre las 17h, se encuentra a estos tres mandos citados, que le cuentan que se va a producir un hecho muy grave en el Congreso que va a requerir el despliegue de la Brunete y que el Rey está al corriente de la operación, junto al General Armada. Prácticamente le convencen. Pero Juste recapacita gracias a que las órdenes de Quintana Lacaci van justo en sentido opuesto a la versión de su Estado Mayor golpista y, para confirmarlo, realiza personalmente una llamada a Zarzuela, esperando que le digan que Armada está allí, pero la mentira de los sublevados queda al descubierto gracias a la contundente respuesta que le da Sabino Fernández Campo (el Secretario General de la Casa del Rey): “ni está ni se le espera” (refiriéndose a Armada).
Aunque ya habían salido algunas columnas de blindados del cuartel de la Brunete en El Goloso (Madrid), entre Juste y el Capitán General Quintana Lacaci, consiguen parar el despliegue cuando los tanques estaban ya a punto de aparecer en el centro de Madrid.
Si la División Acorazada Brunete llega a tomar Madrid probablemente el golpe si no hubiera triunfado habría tardado mucho más en sofocarse.
No obstante, el Comandante Pardo Zancada, por su cuenta, se puso al mando de una columna de vehículos de la policía militar y logró llegar al Congreso, rodeando éste.
La “solución Armada”
Cuando Armada intuyó que el golpe, en término estrictamente militares, podría fracasar, comenzó a poner en práctica una serie de intrigas y componendas que, si llegan a tener éxito, él hubiera logrado irse de rositas y conseguido que triunfara una versión light del golpe.
Armada, supuestamente de acuerdo con Milans del Bosch, se presentó en el Congreso en calidad de “mediador” y allí estuvo más de una hora intentando convencer a Tejero de que podrían alcanzar un acuerdo, con el visto bueno del Rey -aunque el Monarca nunca se lo había dado- para formar una especie de Gobierno de concentración nacional, con ministerios para representantes de todos los partidos políticos (no nacionalistas) del arco parlamentario. Tejero entró en cólera y dijo que él no había asaltado el Congreso para eso. A pesar de que Armada llegó a ponerle incluso al mismísimo Milans del Bosch al teléfono, Tejero no dio su brazo a torcer y Armada se fue, sin conseguir convencerlo, del Congreso. Se dice que Alfonso Armada, visiblemente enfadado, llegó a decir – de Tejero – “este hombre está completamente loco”.
El “agujero negro” del CESID
El principal servicio de inteligencia de España por aquel entonces todavía no había sido reformado (ni convertido en el actual CNI) y prácticamente la totalidad de sus miembros eran militares.
El papel del CESID en el golpe sigue siendo, a día de hoy, una de las principales incógnitas por resolver.
A pesar de todo, en base a indicios, estamos en condiciones de afirmar que una serie de mandos intermedios y algún alto mando del servicio de inteligencia estaban al tanto de la operación e incluso algunos de ellos llegaron a dar cobertura y medios del CESID para la preparación del golpe. De hecho, aunque finalmente no fue condenado, estuvo procesado en el juicio del 23 F un destacado miembro del CESID: el Comandante Cortina Prieto; Jefe Operativo de Misiones Especiales del servicio de inteligencia. Sí hubo un condenado que trabajó para el CESID; el capitán Gómez Iglesias.
Posteriormente investigaciones periodísticas, publicadas en prensa de tirada nacional, han puesto al descubierto que el CESID estuvo implicado en el golpe, al menos, como organizador de toda la logística, facilitando equipos de transmisiones y placas falsas al contingente y los vehículos que asaltaron el Congreso, al mando de Tejero. También hubo, probablemente, contravigilancia del CESID favorable al golpe, en las inmediaciones del Congreso durante las horas previas al asalto.
Conclusiones
El golpe de Estado del 23F de 1981 estuvo mucho más cerca de triunfar de lo que se ha dado a conocer a la opinión pública.
Para su fracaso fueron fundamentales tres factores:
- Las gestiones del Rey y, especialmente, del entonces Secretario de su Casa, General Sabino Fernández Campo.
- El fracaso de la operación para que la División Acorazada Brunete se hiciera con el control total de Madrid.
- El fracaso de la “solución Armada” destinada a hacer triunfar un golpe “suave” que resultara en una impunidad total para los sublevados militares y civiles.



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